segunda-feira, 18 de outubro de 2010

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Los ricos presionan contra Obama

Este segmento podría ejercer un impacto real en las legislativas que se realizarán en dos semanas. Los republicanos han criticado constantemente al mandatario por no apoyar a los empresarios.

Por David Usborne *
Desde Florida, para Página/12

“No sería una buena idea manejar por acá con calcomanías de Barack Obama”, explica Phil McCarthy, un antiguo titán entre los empresarios capitalistas estadounidenses. Su Mercedes, con un control remoto secreto interior, no tiene un logo demócrata a la vista. Por eso, las barreras del Club de Playa de St Johns se levantan obedientemente.

Situado el norte de la Playa Vero, en la parte atlántica de Florida, la isla de St Johns reúne a una comunidad de gente de altos recursos. Para ser honestos, de inclinación republicana. Para McCarthy, cenar cerca de la pileta convierte la noche en una velada extraña. Haciendo a un lado las convenciones de discreción en cuestiones de política que mantiene la gente bien de los Estados Unidos, accede a hablar sobre Barack Obama. Es su tarea hablar, explica McCarthy. “¿De qué me sirve mandar una carta de lectores?”, pregunta mientras sirve un plato de ostras. Les pidió a algunos de sus amigos que se sumaran a la charla sobre el presidente Obama. Jim Broadhead, un ex director ejecutivo de la compañía eléctrica de Florida y alguna vez titular de la aerolínea Delta, accedió con entusiasmo. Pero otros no, no se fiaban de un reportero británico.

Ya no es un secreto que Estados Unidos, que se prepara para elegir en dos semanas a una nueva Cámara de los Representantes y a un tercio del Senado, está plagado de conservadores que consideran a Obama un horror socialista. Pero algunos ex discípulos de Sarah Palin y del Tea Party deberían saber esto: sus opiniones no son nada comparadas con lo que piensan los conservadores ricos y bien educados.

No sería sorprendente que los poderosos estadounidenses voten en contra del partido progresista del país. Pero lo que es llamativo es que Broadhead y los de su clase estén teniendo un impacto real en esta elección y mostrándose como una resistencia frente al presidente, que ha sido constantemente criticado por los republicanos por no apoyar a los empresarios. Esta es gente que tiene acceso a los políticos y que también cuenta con el dinero para influenciarlos. Broadhead, de 74 años y que pertenece a club de playa más selecto llamado Lost Tree (Arbol perdido), admite evasivamente que ha estado aportando para las elecciones del 2 de noviembre. La enorme influencia de los ricos ha provocado reacciones furiosas entre los comentaristas izquierdistas. “La locura se ha vuelto dominante”, escribió el mes pasado Paul Krugman en The New York Times. “Cuando se trata de defender los intereses de los ricos, parece que las reglas normales del discurso civilizado (y racional) no se aplican más. Un sentido beligerante del derecho los tiene presos: es su dinero y ellos tienen el derecho de resguardarlo”, agregó.

Pero ese punto de vista no logró demasiada adhesión y es también expresión de una percepción más amplia que sostiene que esta Casa Blanca es contraria a los negocios. Cuando Obama fue este año a Wall Street a explicar su ley de reforma financiera recibió una fría recepción. Cuando la legislación se aprobó hubo quejas porque el mandatario no invitó a los jefes de Goldman Sachs y de JP Morgan a la firma. A Stephen Schwarzman, cofundador del grupo Blackstone, se lo escuchó meses atrás comparar algunas de las propuestas de reforma impositiva de Obama con la invasión de Adolf Hitler a Polonia, en 1939.

Por suerte, esta noche sólo se escucharon comparaciones por izquierda. “Creo que se sitúa en algún lado entre el socialismo y el marxismo”, reflexiona McCarthy, que también se desempeñó como profesor adjunto de Negocios en la Universidad de Columbia. “Definitivamente, no es un capitalista”, insiste. “Para su corazón, su sistema de valores es básicamente socialista”, agrega. El anfitrión después cita un artículo de la revista Forbes, que decía que Obama heredó de su padre keniano una mentalidad anticolonialista. “Odia al imperialismo y cree que la gente que hace plata es imperialista”, remarca McCarthy.

Broadhead, que ahora está jubilado, afirma que ha sido ofendido por Obama en muchos niveles. Entre esas ofensas, estuvo la devolución a la embajada británica de un busto de Winston Churchill que había estado en el Despacho Oval desde los ataques del 11 de septiembre de 2001. Y también le desagrada su tendencia a echarle la culpa a George Bush. Además, se queja porque Obama da conferencias de prensa sin la bandera de los Estados Unidos. “Los estadounidenses tienden a ser patriotas y piensan que su país es un lugar excepcional. Pero parece que Obama quiere disipar esa visión”, denuncia. Los dos amigos quieren dejar en claro una cosa: la animosidad contra Obama no es un asunto personal.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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